La Masturbación Femenina

Autor: Joan C. En Artículos de Fondo, Masturbación

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Consideraciones generales

La masturbación se define como el estímulo espontáneo de las zonas erógenas del propio cuerpo, en especial los genitales, con el objetivo de proporcionarse placer sexual y bienestar, y en ocasiones también desahogo nervioso. Como tal suele empezar durante la pubertad, entre los 11 y los 15 años aproximadamente, aunque algunas personas lo hacen más tarde y otras nunca; también durante la infancia, y parece incluso que durante la fase fetal, ya se observan tocamientos espontáneos o la búsqueda de presión sobre la zona genital, que podrían interpretarse como unas primeras exploraciones masturbatorias ya que van asociados tanto con movimientos cortos y rígidos de pelvis y piernas como con una posterior relajación.

Puede practicarse durante toda la vida, incluso adaptándose a las necesidades o habilidades físicas cambiantes.

No existe ninguna obligación de practicarla, ni una frecuencia ideal, ni un determinado exceso peligroso para la salud, si acaso el límite lo marcará el posible perjuicio causado a la convivencia con la pareja, a las responsabilidades laborales, sociales o a las costumbres o normas legales. Es una forma segura y relajante de disfrutar del sexo o simplemente de darse placer, no necesita ni conlleva la relación con otra persona ni la ansiedad de agradarle. Las personas que nunca se han masturbado no necesariamente tienen un problema, pero si sienten que éste existe, puede deberse a condicionamientos culturales o educativos insanos, a falta de deseo, sentimiento de culpa, timidez o inhibición por otras causas. No vamos a entrar en este tema de las falsas creencias, controversias y tabúes que rodean a la masturbación, tan sólo señalar que, por desgracia, algunos siguen hoy presentes, que se percibe todavía el peso negativo de la religión, y que afectan quizá más a la mujer, pues en comparación con el hombre a ésta se le ha reconocido más tardíamente su propia capacidad y derecho a experimentar placer sexual.

En un plano más existencial, no cabe duda que el propio cuerpo es una de las primeras e incontestables realidades que el ser humano percibe desde antes quizá de su nacimiento, y no cabe duda tampoco que, a lo largo de su vida, esta realidad tan íntima vive unas transformaciones que le inquietarán y le despertarán una sana curiosidad. La autoexploración y autoestimulación del propio cuerpo pueden entonces considerarse, quizá también sin lugar a dudas, como una auténtica necesidad primaria de cualquier ser humano, la primera y más palpable ocasión de experimentar una libertad y creatividad individuales, y es probablemente porque encarna estos valores simbólicos por lo que los condicionamientos y grupos represores mencionados se han empeñado, a lo largo de la historia, en inhibir perversamente esta curiosidad, esta inquietud y esta ocasión de libertad destruyendo, culpabilizando y creando confusión en el ámbito más originario posible, el del conocimiento del propio cuerpo.

El poder del cerebro sexual femenino

La experiencia de la masturbación en las mujeres es sensiblemente diferente de los hombres.

También hay diferencias entre mujeres, y en una misma mujer a lo largo su vida. Sin embargo una de las cosas más importantes que pueden decirse, seguramente también de aplicación a los hombres, es que la costumbre de masturbarse parece estar relacionada con una mayor capacidad para experimentar placer sexual, y también experimentar e incluso controlar la capacidad orgásmica. Tales capacidades resultarán mayores cuanto más creativa y variadamente (y con mayor implicación de todo el cuerpo) se haya desarrollado esta práctica masturbatoria.

La sexualidad femenina, en comparación con la masculina, es más mental, lo cual no significa para nada que sea menos sexual, sino que es más sensible a la influencia de estímulos (desinhibidores o inhibidores) procedentes tanto del ambiente y de la calidad de la relación interpersonal, como de las propias elaboraciones de la mente en forma de pensamientos, fantasías, sentimientos y sensaciones. En este sentido,

la sexualidad de la mujer es más elaborada, sinuosa, y tiene una mayor riqueza potencial que la del hombre (la cual suele ser más directa, lineal y genital), pero a la vez está más expuesta a bloqueos e inhibiciones involuntarios por la misma razón, al depender más de la función de filtro/potenciador que supone su propia mente en la satisfacción erótica.

Por lo tanto, una actitud pasiva, o pensamientos negativos incluso no conscientes, por ejemplo pensar que nunca se ha tenido un orgasmo o que éste parece necesitar demasiado tiempo de estimulación, o desearlo obsesivamente, pueden crear ansiedad e inhibir la respuesta sexual y orgásmica con tozudez, más de lo que se observa en los hombres. Es fundamental, pues, permitirse perseverar y alejar o aislar de la mente cualquier presión relacionada con el tiempo, cualquier demanda de otras actividades domésticas o del tipo que sean que de repente parezcan requerir la atención.

Debido a este mismo potencial de autocondicionamiento de su propia mente, la actitud con que la mujer emprende la masturbación, y las relaciones sexuales en general, es un punto clave: debe comprender que sólo ella es la verdadera responsable del placer que puede llegar a proporcionarse o que puede llegar a recibir, sólo ella es la responsable última de cómo controlar las fases del proceso excitatorio, o de cómo o cuándo decidir abandonarse a las sensaciones o al ‘savoir faire’ propio o de la pareja sexual. La mujer que, influida por la educación y el entorno social y afectivo, se ha acostumbrado a desempeñar roles demasiado pasivos o dependientes de los hombres o de las demás personas, lo tendrá más difícil y deberá esforzarse más en comprender la necesidad de adoptar esta actitud, si de verdad desea obtener auténtica satisfacción sexual.

El entorno social, incluso a pequeña escala, constituye a menudo un auténtico freno para ello, pues entre mujeres se habla aún muy poco de la masturbación femenina, lo que contribuye a sustentar el tabú:

es menos probable que una adopte este cambio de actitud, o que se decida a emprender la masturbación en sí, si esta incomunicación la lleva a desconocer que sus semejantes ya lo hacen o tienen la misma preocupación, o incluso a suponer que no se masturban, o a imaginarse absurdos como que el hecho de empezar a hacerlo consolidaría su soltería o arruinaría su relación de pareja.

Requisitos ideales

La autoexploración sensual y relajada del propio cuerpo y de sus zonas erógenas es una buena primera forma de lograr excitación sexual (ver el capítulo sobre técnicas). En otras ocasiones se logra la excitación como resultado de un estímulo accidental o indirecto a nivel físico, pero se observa que esto no es lo habitual. En general empezar con la simple estimulación física genital no tendrá éxito, sino que se necesitará entrar en un ‘estado mental sexual’, mediante estímulo sensual general, en parte táctil, en parte imaginativo o fantasioso, antes de que el cerebro se active para favorecer la excitación física. Esto significa el requerimiento de una apropiada intimidad (un espacio adecuado libre de intromisiones y sobresaltos, y la creación de un ambiente sugerente a nivel de los sentidos: música, perfumes o incienso, un baño, etc.) y el tiempo suficiente, los cuales a su vez permitirán la necesaria relajación y concentración o ausencia de distracciones. Los adolescentes suelen tener dificultades para encontrar esta intimidad ideal, por lo que sus masturbaciones suelen ser precipitadas y ansiosas, lo que puede condicionarles negativamente en la edad adulta, provocando eyaculación precoz en los hombres y falta de relajación en las mujeres.

También es esencial comprender que

la estimulación del clítoris, sea cual sea la técnica empleada, está casi siempre implicada en el éxito de la excitación y el orgasmo sexuales.

Se hablará más sobre esto en el capítulo de las técnicas masturbatorias. La mujer que ha aprendido activamente a estimularse su clítoris hasta el clímax, podrá posteriormente aplicar este conocimiento también de forma activa en la relación sexual, por ejemplo estimulándoselo ella misma durante el coito, lo cual es un indicio de que ha asumido la responsabilidad por su propio placer sexual.

La lubricación hace la masturbación más satisfactoria. Si aun sintiéndose muy excitada no está muy mojada, usando el dedo puede traerse algo de la lubricación natural desde el interior de la vagina hacia la vulva, aunque también puede usarse saliva o un lubricante artificial, de preferencia uno hidrosoluble.

Si pese a la perseverancia y la relajación física y mental, se desea la primera experiencia de un orgasmo y éste no llega, puede optarse por una vía más rápida y fácil de obtenerlo: usando un vibrador. No hay que descartar este método cuando existen dificultades, pues es importante haber experimentado alguna vez las sensaciones orgásmicas y las fases que conducen a ella, para que se queden grabadas en la psique y sean más reconocibles a partir de entonces, con lo que habrá una preocupación o un factor ansiógeno menos.

Expandiendo el potencial sexual

Una vez experimentada, saboreada y comprendidas las fases de la excitación y el orgasmo mediante la masturbación, todavía pueden presentarse dificultades al emprender la relación sexual con la pareja.

La confianza, una buena comunicación, una cierta habilidad, un buen conocimiento de la sexualidad femenina y la curiosidad e interés por parte de la pareja serán básicos, mucho más importantes que la mera habilidad técnica.

Una vez conseguido el clímax mediante la masturbación, está claro que no se tiene incapacidad orgásmica. El paso siguiente puede ser enseñar y guiar a la pareja en cómo masturbar a la mujer, cómo estimularla adecuadamente para lograr una excitación adecuada y un orgasmo, y aquí es importante que ella comprenda que el hombre no nace enseñado en esto, ni posee el don de la telepatía, por lo que ella deberá esforzarse en ser expresiva, indicar el ritmo y guiarle manos, dedos, labios y lengua cuando sea necesario. El hecho de compartir la forma de autoestimularse (lo que también será bueno que haga el hombre con la mujer), en definitiva el aumento de implicación de la pareja en el proceso de exploración y estimulación del cuerpo y las zonas erógenas femeninas, favorecerán en adelante las posibilidades de experimentar uno o más orgasmos en otras prácticas como la penetración, o bien ayudará a que la pareja la masturbe cuando la mujer no ha tenido su orgasmo en el coito.

En el mismo marco de la convivencia en una relación de pareja, la masturbación solitaria se convierte a veces en fuente de ideas equivocadas y malentendidos:

la creencia de que solamente se masturban las personas desesperadas o frustradas por no tener relaciones sexuales sanas es errónea, por lo que ni este hecho constituye una infidelidad, ni hay que verlo necesariamente como el desahogo sexual que la pareja no puede ofrecer;

se sabe que a veces cuanto más placer se siente en pareja, más tendencia puede haber a practicar el sexo en solitario, ya que una abundancia de placer y de sentimientos amorosos provocan aún más ganas de obtener nueva excitación; por otro lado, no siempre hay plena coincidencia en los niveles de impulso sexual entre los miembros de la pareja, o no siempre se dan las deseadas expectativas respecto a la intimidad física; siempre pueden haber, pues, buenas razones personales para seguir manteniendo esta práctica, y si existiera una inhibición de carácter sexual puede que sea propia y que no esté relacionada de forma directa con las atenciones sexuales de la pareja.

Beneficios de la masturbación femenina

Ya se han comentado algunos: esencialmente, un mejor conocimiento del propio cuerpo y del grado de sensibilidad erótica de sus diversas partes, lo que

redunda en unas relaciones sexuales más satisfactorias y una mayor facilidad para lograr uno o varios orgasmos.

Hay otros beneficios más concretos, como el desahogo de tensiones sexuales acumuladas, nerviosas o de ansiedad, el mantenimiento de una pulsión sexual alta o equilibrada, alivio del síndrome premenstrual y de los dolores menstruales, funciona como somnífero natural, evita enfermedades de transmisión sexual, evita embarazos indeseados, estimula el sistema inmunológico, libera hormonas que influyen en el estado de ánimo, fortalece la musculatura pélvica, etc.

Aprender a masturbarse antes o durante la adolescencia tiene cierta importancia para las mujeres, entre otras razones porque así dirigen de forma más constructiva su impulso sexual en desarrollo, porque aumentan la conciencia y el sentido de control de su cuerpo cambiante, porque será menos probable que sean coaccionadas a buscar una pareja sexual antes del pleno desarrollo emocional y físico, y porque así se adquiere el hábito antes de que las consignas represoras de la educación o de la moral social penetren en su psique, provocando inhibiciones, sentimientos de culpa o pecaminosos.

Técnicas masturbatorias

Lo que se ha dicho sobre el poder de la mente como intermediario en la sexualidad femenina, es también válido para el asunto de la habilidad técnica en la masturbación (y en la relación sexual). Al empezar una sesión, lo más eficaz será casi siempre el estímulo indirecto, la sugerencia, evitando ir directamente a los genitales. Serán más eficaces las caricias y masajeamiento (usando aceites para masajes o lubricantes) del resto del cuerpo, contemplando como zonas especialmente erógenas el interior de los muslos, los pechos, los pezones, el bajo abdomen y la cintura. La ropa íntima, en especial las bragas, puede implicarse con éxito en esta estimulación. También se puede experimientar con otras texturas, como cuero, pieles, plumas, gasa, etc, o masturbarse a través de la ropa. Se puede experimentar con el ritmo, la presión y la intensidad de las caricias y masajeamientos.

Relacionado también con la sugerencia y el estilo ‘indirecto’, se hará durar más la masturbación y se obtendrán orgasmos mejores si se aprende a detener la estimulación unos segundos o minutos cada vez que la excitación sube abruptamente, o cada vez que se siente la proximidad del clímax. En general,

se sacará el máximo partido al sexo en solitario si éste se practica de forma creativa, evitando centrarse siempre y del mismo modo en el estímulo genital, y explorando y aportando variedad al proceso masturbatorio en sí, en vez de buscar el orgasmo rápido como la única meta posible.

Hablando de los genitales propiamente dichos, un inciso: casi nunca se logrará una buena excitación o un orgasmo mediante la mera actividad de la penetración vaginal, ya sea con los dedos o con un objeto. Los labios internos reciben especial atención, pudiendo deslizarse uno o dos dedos lubricados entre ellos, o pinzarlos o hasta pellizcarlos o estirarlos suavemente con dos dedos. Esta acción sobre los labios revierte también sobre la estrella de la estimulación, que será por supuesto el clítoris, cuya estructura o cuerpo tiene una punta exterior visible y una interna que se extiende a ambos lados de los labios menores; como se ha dicho su estimulación puede ser indirecta, empujando por ejemplo los labios menores hacia atrás y hacia delante, o bien directa, acariciando su capuchón, dando golpecitos suaves, echándolo hacia atrás y frotando suavemente su glande (quizá ya erecto o hinchado) con la punta de un dedo, en sentido circular o de arriba abajo, según los gustos. El uso de los dedos puede alternarse con un masajeamiento con la palma de la mano, y a la vez el estímulo de la zona vulvoclitorial puede alternarse con la introducción en vaivén de uno, dos o tres dedos de la otra mano en la vagina, o bien con un masajeamiento del borde del ano, o con la introducción en él de un dedo lubricado, también de la otra mano, si el músculo del esfínter se siente relajado (el dedo que haya estado en el ano no debe introducirse de nuevo en la vagina sin haberse higienizado, pues hay riesgo de infección).

Respecto a la estimulación simultánea de la vagina, no es necesaria ni se da con frecuencia, pero algunas mujeres pueden preferir cambiar la mencionada inserción de dedos simultánea al estímulo vulvar, por la inserción de un objeto tipo consolador o vibrador. Finalmente, ya sea con éste o con los dedos, puede intentarse el estímulo del punto G, que también en algunas mujeres puede ayudar a desencadenar un orgasmo más intenso; para mayor información, consultar el artículo de esta web sobre el tema del punto G.

No existe una manera ‘correcta’ de masturbarse. Cada mujer tiene una anatomía diferente y una manera diferente de percibirse a sí misma, por lo que cada una desarrolla espontáneamente su propio ‘estilo’, aun usando la misma técnica.

Pero puede intentarse describir aquí las más habituales situaciones o métodos conocidos:

La primera autoexploración: Los requerimientos básicos para autoexplorarse son intimidad, relajación y abrir bien los ojos, lo que se traduce por ejemplo en usar el baño cerrándolo con el pestillo, tomar un baño sensual y contemplar el cuerpo desnudo frente a un espejo de cuerpo entero. Hay que aprender a contemplarse sin prejuicios, apreciándose y aceptándose a sí misma con todos sus defectos. Aplicar crema hidratante, aceite de masaje o talco por todo el cuerpo, y observar qué partes hacen sentir bien con el contacto, deteniéndose quizá en pechos, pezones, muslos, vientre y trasero, apretando o resiguiendo lunares, cicatrices, celulitis etc. Una debe permitirse a sí misma tocar y acariciar el resto del cuerpo aparte de los genitales, desechando posibles sentimientos de culpa que puedan invadir la mente, y que son fruto de la educación represora recibida.

Con las piernas juntas: o bien con las piernas cruzadas, es bastante espontánea, se busca la presión indirecta sobre el clítoris frotando los muslos uno contra el otro, contrayendo y relajando los músculos pélvicos, apretando la vagina y contrayendo las nalgas; no requiere usar las manos, por lo que puede intentarse sentada, o bien de espaldas o de costado.

Con un objeto textil entre los muslos: en ropa interior o desnuda, la postura suele ser boca abajo o de costado y en la cama, colocando un grueso de ropa entre los muslos, como una sábana doblada, edredón, almohada, toalla o manta, y frotándola rítmicamente contra el clítoris, con no demasiada rudeza, con movimientos de cadera y piernas.

De pie contra un objeto: se inclina y apoya la pelvis contra un objeto saliente, como el borde de la cama o del lavabo, o de una silla, o de la lavadora durante el centrifugado (un punto creativo), apretando y frotando de arriba abajo o en movimiento circular o de balanceo.

Usando el agua: en la bañera o en la ducha, el agua no demasiado caliente, las piernas medio abiertas y rotando las caderas, con la alcachofa de la ducha se proyecta un chorro de agua, de suave a más fuerte, hacia la vulva y el clítoris, nunca directamente al interior de la vagina.

Echada sobre el vientre: se pasan las manos bajo el vientre hacia la vulva y se mueven los dedos índice y corazón entre los labios mayores y menores, con vaivén de arriba abajo y sobre el clítoris, masajeando de vez en cuando su glande.

Escrito por Joan C.

Falopius.net es una web dedicada a divulgar, orientar y ofrecer recursos para la sexualidad humana. La autoría principal de sus contenidos corresponde a Joan C., quien se ha formado en el campo de la Antropología, entre otros.


13 abr 2009 • Revisado 9 jun 2010 • 5433 Views

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3 comentarios

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  1. Me gusto mucho la pagina! La mayoria de los hombres tienen problemas entendiendo como darle placer a su mujer de la mejor manera y es muy importante que desarrollen habilidades sexuales. Saludos!

  2. Jesus Ramos Brieva dice:

    Pueden leer y descargarse gratuitamente mi desmitificador libro sobre la masturbacion femenina en mi blog.
    TODO lo que creemos saber sobre ella es FALSO.

    http://jesusramosbrieva.blogspot.com.es/

    • Joan C. dice:

      Gracias por tu visita, Jesús.

      He vislumbrado tu blog. Me gusta tu criterio personal. Y esos atisbos sobre tu personalidad -leería con gusto más, y nuevos, artículos de tu bitácora-. No soy quién para dar consejos -este blog mío está en miserable ‘stand-by’ desde hace tiempo, esperando una oportuna o inspirada reestructuración-. Así que, en esto, me callo.

      He ojeado también tu -parece que ‘proyecto de’ y en ‘stand-by’- blog sobre psiquiatría. Ahí muestras en detalle tu C.V., una muestra de honestidad poco habitual hoy día.

      Interesante tu formación en la ‘Medicina Oficial’, pero más interesante aún tu bagaje vital/profesional. Para empezar una hipotética -y quizás agradable- conversación contigo, enseguida te preguntaría: ¿qué es esencialmente lo que define a un enfermo mental, p.e. a un esquizofrénico o a un bipolar?

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