Una de pildoritas mágicas: el caso Priligy

Autor: Joan C. En Blog, Disfunciones

priligyn_eyaculacion

O cómo pasar de ello, aprender a gestionar mejor tu cuerpo y ser un amante sin igual.

O por qué las Industrias para la Salud del Pueblo necesitan una mejor regulación (ahora que se han puesto a regular los mercados financieros).

Un conocido laboratorio acaba de sacar al mercado el negocio del siglo el primer medicamento oral para ‘tratar’ la eyaculación precoz. Está reconocido, y quizá hasta impulsado, por el gremio de urólogos y andrólogos, y parece que hacer, algo hace. Es decir funciona en los márgenes que dice que funciona. Permite ‘aguantar’ hasta 6 o 7 minutos de bombeo coital, sobrepasando el umbral de los 2 minutos del supuesto trastorno. Viva el progreso. ¿O no?

El hallazgo farmacológico es fruto de un esfuerzo bioquímico, respetable y reconocible, que sin duda aliviará el estrés por rendimiento sexual de muchísimos hombres, y hasta insuflará una nueva sensación de armonía en muchas relaciones de pareja. Pero es evidente que

responde también a unas expectativas e intereses económicos impresionantes, de hecho todo un montaje oportunista que aprovecha ciertos cambios y demandas sociales,

un reflejo de los tiempos actuales –que cambian una barbaridad, oye- y por otro lado, respecto al tema que nos ocupa, descrito ampliamente en mi artículo ‘Eyaculación precoz: ¿Un trastorno cultural?’

Y es que se veía venir. La Industria para la Salud del Pueblo, presionada para liberar las patentes de medicamentos importantes contra las lacras de los últimos tiempos, debe ingeniárselas para conseguir nuevos filones para mantener sus cuentas de dividendos, que no son pequeñas. Filones que a su vez durarán lo que durarán, y ellos lo saben, pues a la vista está también el bombazo social que supondrá la aplicación extendida de terapias basadas en células madre –para quien se lo pueda pagar, claro-, y que probablemente reducirá muchísimo el consumo de un montón de medicamentos, al menos en Occidente y a precios de Occidente.

El montaje no es difícil de desvelar. Simplemente se coge la noticia y se la desmenuza. “El nuevo tratamiento surge de la consideración de esta disfunción como una enfermedad y no la consecuencia de un estado psicológico”. Ahí está el meollo. Ocurre un poco como con la menopausia, la andropausia, la escasez de orgasmos en la mujer, el bajo deseo sexual, el envejecimiento, la hiperactividad infantil, la timidez, o con varios supuestos trastornos psiquiátricos:

lo que en realidad son fases de la vida de un ser humano, reacciones/adaptaciones somáticas y psíquicas absolutamente normales, naturales y ‘de toda la vida’ han pasado a catalogarse, a estigmatizarse como enfermedades, disfunciones, trastornos, etc.

Que deben ser corregidos y, claro, medicados. Dicen los andrólogos: “la eyaculación precoz pasará de ser una especie de hábito mal aprendido de la relación sexual a tener la entidad de un problema de salud como tal, de una enfermedad que tiene tratamiento”. ¿Hacen falta más pistas…? No me extiendo más sobre esto, el tema está suficientemente debatido y es lo bastante evidente, para quien tenga cierta sensibilidad e inteligencia.

La palabra hace la cosa. Si defines y catalogas algo como enfermedad, y van y te lo aprueban, automáticamente pasa a ser una verdad por bastante tiempo indiscutida. Técnica y médicamente, y aunque desconozco los entresijos, se intuye incluso que haya sido requisito indispensable que antes exista la enfermedad, reconocida como tal, para que las autoridades sanitarias llegasen a aprobar el medicamento para ella.

Pero

va a ser que no. Lo siento, pero la Eyaculación Precoz no es ni ha sido nunca una enfermedad. Del mismo modo que tampoco lo es la dificultad de la mujer para llegar al orgasmo.

Hay que echar mano de la biología evolutiva humana, y de la misma Sexología para ilustrarlo. Ya en 1950,

Alfred Kinsey descubrió que tres cuartas partes de los hombres estudiados alcanzan el orgasmo en los dos minutos posteriores al inicio de las relaciones sexuales.

Actualmente se considera que son un 30%, pero yo sospecho que los hombres han aprendido a mentir mejor, y sigo quedándome con el porcentaje de Kinsey. Más atrás en el árbol biológico evolutivo, tanto nuestros parientes los primates como la mayoría de mamíferos superiores, en promedio, muestran unos tiempos máximos de eyaculación de apenas pocos segundos, como mucho un minuto. La razón evolutiva parece clara: la cópula debía culminarse con rapidez, pues constituía un momento de especial vulnerabilidad ante la amenaza de ser atacado, no sólo el macho sino sus hembras y crías, por competidores o predadores.

Sin embargo, a medida que la evolución se acerca a la especie humana ‘civilizada’, su sexualidad depende menos del instinto y cada vez más del aprendizaje y la adaptación, por consiguiente, es más moldeable culturalmente y desarrolla un repertorio más variado. La sexualidad se desmarca claramente de las funciones reproductivas, y si por un lado permite adquirir o reforzar funciones como la cohesión del grupo social –esto lo han desarrollado ampliamente los actuales chimpancés bonobos-, por el otro ayuda a desarrollar la individualidad, la personalidad y su inherente tándem consciente-inconsciente.

Hay individuos, pues, que han desarrollado la habilidad de prolongar el tiempo de aguante antes de eyacular, en el transcurso de una relación sexual, y hay que preguntarse si no serán justo estos hombres los ‘extraordinarios’, los que se salen de lo normal.

Es quizás a ellos a los que habría que estudiar más de cerca.

Dado que aún nos condiciona bastante nuestra biología, es ‘natural’ que el hombre eyacule antes de los dos minutos. No hay ahí ningún trastorno a la vista. Entonces ¿por qué las hembras tardan más en conseguir su orgasmo, y pueden tener orgasmos múltiples? El orgasmo femenino no es necesario para la liberación, fecundación e implantación de un óvulo, ni es una prioridad para la supervivencia evolutiva. Pero juega su papel: es una recompensa, un refuerzo vinculante, es la forma en que su instinto biológico le confirma que eligió al macho adecuado, que éste permanecerá junto a ella, y así de este modo la ‘recompensa’ favoreciendo mediante sensaciones placenteras que ella también permanezca a su lado, con el claro objetivo de compartir la crianza de un bebé. Tal y como plasmaron Masters y Johnson, en la fase de ‘resolución’ posterior al orgasmo, al hombre y a la mujer los invade una sensación de placidez, bienestar y afecto mútuo. Y es que el cerebro femenino funciona más con la emotividad, la comunicación y la capacidad para relacionarse. Por cierto, se sabe ya que el orgasmo en la mujer tiene mucho que ver con sentirse muy relajada, sin problemas ni distracciones en su mente, y confiada emocionalmente con su pareja. ¿No será que esos hombres ‘extraordinarios’, de los que antes hablábamos, han aprendido a demorar su eyaculación porque se han tomado la molestia de comprender y conectar mejor con los rasgos propios de la sexualidad femenina?

Vale. Pero es que el Plixjlins éste el Priligy parece que funciona, ayuda realmente a retrasar el momento de la eyaculación…

…Y sin codeínas ni lidocaínas, anestésicos que quitan sensaciones placenteras… a veces también a la mujer (por impregnación a través de la mucosa vaginal).
¡Pues claro que puede funcionar! Será porque

actúa justo en los neurotransmisores que han aislado y que han ido a investigar a ver cómo podían influir en ellos. Pero esto por sí sólo no prueba que existiera un problema orgánico o neurológico previo.

Ciertas áreas del cerebro podrían ser estimuladas para lograr que cualquiera fuese un superdotado de las matemáticas, o de la música, o de la memoria fotográfica, y no somos enfermos porque no nos las estimulen. En nuestro cerebro disponemos de conexiones sinápticas para prácticamente todas las drogas conocidas, y no significa que si no las utilizamos estemos enfermos.
Pero además,

¡es que también algunos tipos de ayuda psicológica y de ejercicios funcionan, es un hecho incontestable!.

¿O el mismo gremio de urólogos y andrólogos han estado tomando el pelo a miles de hombres todo este tiempo? (y si les funcionó la ayuda, y ésta era un mero placebo, confirma que todo era una cuestión psicológica). Siguen diciendo los andrólogos a propósito de Priligy: “hasta ahora se utilizaban tratamientos psicológicos dirigidos a neutralizar la ansiedad que genera esta disfunción”, pero esto es intencionadamente incompleto. El objetivo de los tratamientos psico-sexológicos exitosos es (o debería ser) fomentar en el hombre un mayor autocontrol y una mayor autoestima, liberarse de factores que le presionan (incluyendo aquí, con demasiada frecuencia, la incomprensión y egoísmo pasivos de la pareja, con lo que ya son dos las personas a reeducar), comprobar sus adecuados conocimientos de la sexualidad propia y ajena, así como modificar pautas fijadas en la psique tales como la manera de masturbarse. La ansiedad no es vista siempre como causa directa, sino tan sólo un agravante del problema.

Y hay un aprendizaje enriquecedor en todo esto, más allá de simplemente demorar un poco el momento de la eyaculación.

La eyaculación precoz es un problema para muchos hombres y sus respectivas parejas, es innegable. Pero nunca una enfermedad.

Algo tan idéntico a como era ‘en estado natural’ no puede derivar tan fácilmente en enfermedad.

La obesidad está ligada al acto natural de comer, pero no parece que tendiéramos a ser obesos durante la prehistoria: es una enfermedad, porque además puede poner en peligro la propia vida.

La eyaculación precoz, en cambio, es un problema sobrevenido, cultural, condicionado por los valores y rasgos que destacan y caracterizan actualmente a las sociedades desarrolladas. Valores como la juventud, la belleza, el hedonismo, la seducción, el narcisismo egocentrista, el éxito tras el mínimo esfuerzo… y el consumismo. Rasgos como la impersonalidad, los miedos, las neurosis, la pérdida de libertades individuales, la pérdida de pensamiento crítico… y una profunda enajenación. No somos lo que somos, sino aquello que tenemos o podemos llegar a tener. No hacemos lo que queremos, sino lo que se supone que debemos querer.

Se supone que ellos deben aguantar mucho más de 2 minutos sin terminar.

Se supone que ellas deben tener multiorgasmos, incluso por vía vaginal.

Vivimos en la cultura del ‘se supone que’, y tenemos lo que nos buscamos: de repente aparecen unos avispados oportunistas y, mediante todo un despliegue de medios y marketing, nos colocan

una solución genial para un falso problema, que de hecho hemos creado neuróticamente entre todos.

Nada más lejos de mi intención que cargarme la pildorita en sí. Ya he dicho que

ayudar, va a ayudar. Sin embargo, habrá que ver si constituye un avance en el desarrollo de la sexualidad humana, a nivel cultural o a nivel individual. Si será o no algo más que un parche mecánico

con una vertiente positiva pero, igual como ocurre con la Viagra, con otra vertiente negativa: contribuir a prolongar y hacer más profundo el desconocimiento y la incomprensión que aún tienen muchos hombres de la sexualidad y la naturaleza femeninas. Se constata ya que Viagra está llevando al límite de la desesperación a un montón de mujeres, que ven como sus maridos ‘se les suben encima’ de forma apremiante y mecánica. En nombre del progreso.

Veremos qué ocurre con Priligy.

Escrito por Joan C.

Falopius.net es una web dedicada a divulgar, orientar y ofrecer recursos para la sexualidad humana. La autoría principal de sus contenidos corresponde a Joan C., quien se ha formado en el campo de la Antropología, entre otros.


18 jun 2009 • Revisado 15 abr 2013 • 2449 Views

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