‘De perdidos al río’. El final de ‘Lost’.

Autor: Joan C. En Blog

al final todos Perdidos

La expresión ‘de perdidos al río’ se usa p.e. cuando tienes un problema gordo, y te proponen hacer algo que lo aumenta. Si aceptas, dices “de perdidos al río”, significando que “ya que tengo un problema grande, me da igual hacerlo más grande aún”. Vamos, que como ya no tienes nada que perder ‘te lías la manta a la cabeza’ y ‘te lanzas a la piscina’ (sí, son también expresiones populares españolas).

Resulta que he grabado y visionado el final de la serie de TV Perdidos (Lost), emitida junto con unos pocos capítulos anteriores, unos cinco o seis en total. He hecho el esfuerzo y me lo he tragado todo, de un tirón. Y resulta que me he quedado preocupado, francamente preocupado…

¿Qué relación tiene esto con la sexualidad? Bueno, más bien con la ausencia de sexualidad. Pues la tiene, y es que justo ‘Lost’ es una serie prácticamente asexuada, sin apenas connotaciones sexuales en las relaciones entre personajes. Lo cual me sirve de hilo o de excusa para toda una serie de reflexiones.

Nunca había conseguido acabar de ver uno sólo de sus capítulos. Siempre cambiaba de canal, y en alguna ocasión intenté hacer un primer análisis de qué es lo que ahí se ofrecía. Es también mi visión subjetiva, claro, el caso es que me pareció siempre una inmensa tomadura de pelo, un refrito de estilos, figuras y prototipos sacados de otras series y películas, y de la mente de sus creadores, pero sin una ‘sustancia’ o contenido apreciable. Todo forma, todo envoltorio. Incluyendo en ese envoltorio los innumerables giros sorpresivos, cuyo objetivo es mantener la ilusión de una trama o argumento.

Y eso está hecho con toda la intención:

el supuesto básico de cualquier culebrón -una trama mínima, muy lentamente desarrollada, un incremento de la intriga con cada capítulo y al final de cada capítulo, muchos episodios de relleno, un final condensado y abrupto, y una apelación constante a instintos primarios- se cumple y es explotado aquí con alguna variante, y quién sabe, quizá hasta tiene su interés desde la visión de la sociología del ¿arte?

Se lleva a un extremo la complicación de esa trama mínima en cada episodio, el ir creando cada vez nuevas sorpresas e interrogantes, nuevos vínculos entre personajes, el crear ambigüedad moral sobre ellos y entre ellos, mantener la dispersión por encima de las pequeñas comprensiones que uno se va haciendo de la trama, sin tener nunca, nunca, presupuestos suficientes para conseguir un hilo argumental coherente del que tirar. Hay muchos saltos en el tiempo, hacia atrás y hacia adelante, y una apariencia de género de ciencia-ficción, que al final se desvela como falsa. Otra diferencia importante es el uso casi exclusivo de atractivos exteriores en vez de la abrumadora preeminencia de los interiores en la mayoría de culebrones. Exteriores con un alto contenido simbólico, como es una isla paradisíaca.

Esto no impide que el que se sienta cada vez más perdido sea el espectador, y no cabe duda que el título de la serie alude también a esta especie de experimento psicológico. Se pone a prueba en cada episodio la paciencia y, voy a decirlo, la capacidad para autoanaular la estupidez del propio espectador.

Esto último, normalmente en los culebrones tradicionales se consigue llevando al espectador a identificarse, a modo de catarsis o exorcismo, con los instintos primarios de los protagonistas -celos, envidia, odio, pasión, codicia, sadismo, masoquismo-, y ocurre lo mismo en ‘Lost’, sólo que esos instintos se pretenden más refinados, más ‘intelectuales’, más ‘lights’, más… de clase media.

400 millones de dólares. Una campaña de marketing brutal. La cadena ABC detrás. Emitido a la vez en 59 países… J.J. Abrams como uno de los creadores -que luego abandonó el proyecto-, a quien sí le soporté más o menos su serie ‘Alias’. En fin, esto tiene entidad de fenómeno sociológico y merecía, por tanto, una atención y análisis.

Pero ¿de verdad no tiene contenido alguno? Sí lo tiene, por supuesto, pero no en el sentido argumental, sino, cómo lo diría, en un sentido simbólico.

Para enganchar contínuamente la atención del espectador se apela, aparte de los ya mencionados y reciclados rasgos típicos del culebrón, directamente a unos arquetipos, instintos o pulsiones de la psique humana muy potentes y profundamente arraigados en ésta, como son el instinto de supervivencia y el principio de incertidumbre. Paralelamente, otras dos pulsiones/arquetipos, éstas en conflicto permanente dentro de cualquier alma: el egoísmo y el altruismo.

Estas entidades o ‘pulsiones’ de nuestra psique profunda son quizá las que mejor nos definen como seres humanos. Y si no que se lo pregunten a los supervivientes de los campos de exterminio nazis. Por cierto que la preeminencia intencionada de estas pulsiones explica también la práctica ausencia de otro supuesto instinto humano, la sexualidad. Aunque ya Víctor Frankl, en su famoso análisis de la supervivencia en esos campos de exterminio (El hombre en busca de sentido), evidenció que la sexualidad no debía ser un instinto o pulsión tan profundos, pues se hallaba del todo ausente en los prisioneros, debido a las condiciones de privación extraordinariamente duras y crueles en que vivían.

Naturalmente el público objetivo, claramente de clase media y con un nivel de madurez personal y emocional también medios -lo cual es mayoría-, no es consciente de todo esto. Y es que el otro gran recurso o ‘gancho’ de la serie es la potenciación exagerada de las formas sobre cualquier contenido. Todos los protagonistas son guapos, ‘chuleros’, jóvenes y con cuerpos bonitos y trabajados, y aun el único que ni es guapo ni tiene un buen cuerpo -para compensarlo, tiene un alma muy buena y protectora, y luego le hacen ser millonario-, llevan siempre el pelo arreglado, o estudiadamente desarreglado, y tanto pelo como cutis y ropa son limpios, muy limpios, recién salidos de la peluquería o del salón de estética. Hacen un despliegue contínuo de afirmación egótica y hedonista de la propia personalidad. No hay más que tomar nota de los detalles en que se fijan especialmente los fans de la serie:

“Vi la famosa tortura de Sayid a Sawyer. ¡Que crack el irakí!” (…), “el otro día me apeteció un capricho, unas galletas rellenas de mermelada de fresa, fui a un supermercado regentado por unas chinas muy simpáticas, de golpe me di cuenta que una me seguía por los pasillos, pensé en la bella coreana Sun” (…), “un sinfín de sensaciones que antes ni siquiera pensabas que existían” (…),

Dice otro fan de la serie:

“Falso: A aquellos que disfrutan con la serie les es más fácil dejarse alimentar poco a poco con inmundas piezas inconexas en cada capitulo que admitir que les están engañando con trucos de mercado.
Verdadero: Es una serie que propone un ejercicio de darle al coco, tampoco hay que volverse loco, pero se puede disfrutar, tanto si eres una persona que le gusta seguir una serie interesante, como si eres un fan acérrimo que le encanta sacar mil detalles de las cosas, teorizar, etc… o simplemente buscas una serie de aventuras.”

(Naturalmente, el argumento que él hábilmente plantea como falso es para mí verdadero. Sin embargo también el que plantea como verdadero podría llegar a serlo para mí. Quizá piensa que enunciándolo tranquiliza su conciencia, pero parece que ésta ya intentaba avisarle.)

Decía antes que desde el principio y a lo largo de la serie, al espectador nunca se le dan los presupuestos suficientes para comprender su trama o argumento. Está bien narrada, pero es la narración de una serie de intrigas, nada más, no tiene argumento alguno que seguir, uno no puede hacerse una buena composición del ‘qué, quién, dónde, cómo’ hasta que no ve la resolución, tropecientos capítulos después. Esos presupuestos se exponen en el penúltimo episodio, y claro está, muchos se habrán preguntado, como yo, por qué no se hizo esto desde el principio. Por esto mismo no soporté nunca el visionado de un episodio entero, porque algo me decía que intentaban tomarme el pelo. Pero ya se sabe que hay gente para todo…

El caso es que el episodio clave, el penúltimo en que se explican los presupuestos argumentales, junto con el episodio final son dignos de ser analizados. Se desarrolla total y claramente en un plano simbólico, y por lo tanto, éste sí, repleto de contenido y de sentido. Si bien este capítulo sirve para confirmar la idea del recurso a los simbolismos e instintos arquetípicos -la isla/paraíso perdido, el río/etapas de lavida, el agua/aliento vital fecundante, la caverna o pozo/misterio de la muerte o regeneración, los dos hermanos fundacionales/origen del bien y el mal, etc.-,

su lectura me resultó totalmente descorazonadora, por su simpleza, absolutamente desacorde con las expectativas de profundidad intelectual ante tanto esfuerzo creativo y sorpresivo invertido en el desarrollo de la complicación de esa gran nada argumental.

El río, el agua, la caverna, la luz, el héroe, el compañero del héroe, la niebla o humo negro, los ‘otros’… Son arquetipos, muy bien conocidos y analizados por los etnólogos, presentes ya en los mitos antiguos y las leyendas populares. Al final, el bien y el mal. Los dos hermanos, Caín y Abel, Rómulo y Remo, separados de la madre/paraíso, que acaban enfrentándose y matando uno al otro. Las fuerzas de la luz y las fuerzas de la oscuridad… O todo blanco, o todo negro. Decepcionante. Simplismo de moralina ‘made in USA’. ¿Os suena lo del eje del mal, la ‘operación nuevo amanecer’, la ‘operación libertad duradera? ¿Os suena esta misma cadena ABC colaborando con el poder corrupto detrás de una impresionante campaña de desinformación de masas…?

Y llega el episodio final. Muchos fans ya lo intuían: “seguramente será una gran desilusión, es imposible desenredar semejante madeja…”, como ha ocurrido con otras tantas series de culto. Bueno, en efecto la resolución es simplista, precipitada, inconexa y, lo peor, burdamente teñida de connotaciones ideológicas y religiosas. No he identificado qué tipo de ideología exactamente, pero sin duda es de tipo religioso -no me extrañaría que estuviese detrás el lobby de la Cienciología-. Al final resulta que todos están muertos desde el mismísmo accidente de avión del inicio de la serie, copiando en esto a películas como ‘El sexto sentido’ y ‘Los otros’.

Resulta que sus espíritus han estado en una especie de limbo o purgatorio -la isla- creando entre todos una especie de ‘simulación interactiva neural’ colectiva -como en Matrix- pero desde la ultratumba, todo para acabar reencontrándose en una iglesia, de claras connotaciones judeocristianas dada la presencia ‘proveedora’ y ‘dilucidatoria’ del padre del protagonista y de la luz divina que a todos los envuelve.

Claro, por eso en los diálogos a lo largo de la serie abundan las expresiones y reflexiones sobre el destino, la fe o la confianza…

Decepcionante, seguro. Pero más que decepcionante, sospechoso. Y muy preocupante. Hablo como observador y estudioso de lo social, claro.Y me atrevo a decir que, sociológicamente, denunciable. Lo cual hago desde aquí: denunciar por sospechosa la ideología de trasfondo detrás de la serie, inyectada quizá poco a poco de forma subliminal, gracias a toda una elaborada gama de simbolismos y diálogos.

¿Por qué ‘denunciable sociológicamente’, y no dejarlo todo en ‘una serie mediocre con un final penoso?

Pues justo por su amplísima repercusión. Porque esos millones de jóvenes y adolescentes que la vieron pueden haber interiorizado en mayor o menor grado algo de su ideología y de sus valores.

Valores como que sólo puedes ser feliz con aquellos que te quieren, lo que hace al mundo mucho más pequeño y cerrado. Valores como que vivimos marcados de antemano por el destino y, probablemente, por la fatalidad. Y eso me preocupa.

Porque ya está costando bastante que una parte del mundo reaprenda a ver y a leer entre líneas, a interpretar su propia realidad, y comprenda p.e. que algunos de los dirigentes de las naciones más importantes del planeta han mentido y manipulado a los ciudadanos, han iniciado guerras para el lucro personal, han cometido crímenes contra la humanidad, que está aumentado el grado de cinismo, corrupción, falsedad y paternalismo entre nuestros dirigentes, y que todos estos desmanes y delitos se han cometido y se siguen cometiendo en nombre del bien contra el mal, en nombre del progreso, en nombre del futuro, que como bien dijo el filósofo, no son más que sinónimos de la muerte planificada.

Pero estas sospechas tienen un límite. Porque aunque pueda existir esa intención perversa, lo cierto es que sus millones de seguidores no han sido obligados a sentarse frente al televisor. El análisis último, por tanto, es que ‘Perdidos’ no es más que un reflejo de estos tiempos, del vacío, las inseguridades, la inmadurez y las neurosis -y ahora los miedos- propias de la clase media en Occidente,

y que por algo es ‘media’, porque no está lejos de la escasez o el hambre de las generaciones precedentes, y a la vez aspira a los lujos, placeres y patrimonio de las clases más asentadas, todo lo cual, generador de personalidades contradictorias, indefinidas, neuróticas y mercantilistas, ha sido ya sobrada y certeramente retratado por cineastas como Claude Chabrol o Luis Buñuel, aunque parece que nadie les ha prestado mucha atención.

Retomando el asunto de la ausencia de sexualidad, apenas ni siquiera implícita, el cual ha sido sólo una excusa para escribir esta entrada, entiendo ahora por qué está tan omitida. No es sólo porque los protagonistas ya estén muertos -con la de rarezas que les hacen hacer y sufrir, no les vendría de esto-.

Es porque hay un mensaje último en ‘Perdidos’, enmarcado en los tiempos actuales, que no es compatible con esa expresión suprema de libertad, vida e individualidad que es la sexualidad humana: vivimos una época de tinieblas, de oscuridad del alma y del intelecto y, como está anunciando ya la actual crisis económica y financiera, se avecinan cambios sociales muy importantes, en que

muchos de los que tenían un nivel de vida aceptable pasarán a la pobreza, casi sin enterarse porque seguirán muy entretenidos con nimiedades -como los muertos de ‘Perdidos’- y la distancia con el grupo de los que seguirán teniendo estatus, dinero y poder será cada vez mayor. Deberemos asumir, mejor sin ser conscientes de ello, que muchos de nosotros viviremos en la más absoluta de las incertidumbres y precariedades, en un limbo, isla o purgatorio no muy distinto de la actual ensoñación consumista.

(No es casual que los protagonistas de ‘Perdidos’ acaben reconociendo su verdadero nexo en común: que sus existencias en vida eran desgraciadas, vacías y sin sentido)

Y se pretende que, aunque consumamos mucho menos, nos importe mucho más seguir aparentando bienestar, juventud, belleza y felicidad, para lo cual deberemos seguir perfeccionándonos en el arte del contínuo autoengaño, justo eso que los marxistas denominaban alienación. Todo para que el orden de las cosas, especialmente las cosas de los poderosos y ricos, permanezca en su sitio e inalterado.

Lo dicho, ‘de perdidos al río’…

P.D. Es divertido ojear en blogs personales de jóvenes y adolescentes, y ver cómo se resisten a aceptar esta interpretación de la muerte tan temprana de los protagonistas, con todo tipo de teorías y esperanzas. Y es que justo la adolescencia y la juventud están por naturaleza llenas y ansiosas de vida y de expresiones de vida, y simplemente no les cabe en la cabeza una solución tan funesta. Se esfuerzan en perdonárselo a los creadores de ‘Perdidos’, porque también justo los adolescentes son los más nobles de entre nosotros, pero lo cierto es que han sido víctimas de un atentado mayúsculo a su ingenuidad.

Se entiende también que no se insinuasen estas muertes antes, pues ello habría provocado la pérdida de interés de los espectadores muchos capítulos atrás: identificarse con un muerto o una muerta requiere algo más que ilusión, emoción o capacidad de abstracción, o algo peor, más morboso o psicopático.

Escrito por Joan C.

Falopius.net es una web dedicada a divulgar, orientar y ofrecer recursos para la sexualidad humana. La autoría principal de sus contenidos corresponde a Joan C., quien se ha formado en el campo de la Antropología, entre otros.


25 may 2010 • Revisado 29 mar 2013 • 1467 Views

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